jueves 28 de febrero de 2008

El patito feo

Existió una vez una niña a la que todo el mundo llamaba patito feo. Ella no se llamaba así, sino que su verdadero nombre era Antonella, pero todo el mundo que la rodeaba se empeñaba en decirle patito.
Patito tenía un sueño muy bonito, pero no podía cumplirlo. Una vez le preguntó a su madre cómo podía hacer ese sueño realidad y la madre le respondió: La noche trae ángeles. Vete a dormir y cuando despiertes tu sueño se habrá cumplido.
Al día siguiente a Antonella siguieron llamándole patito.

Autores: Tatíana Míhaí.
Colegio Público Avel.lí Corma – 6ºB

La niña del futuro

Había una vez una niña diminuta que tenía una inteligencia infinita y estaba creando una máquina del futuro.

Un día le dijo a su madre:
—Mamá, necesito una gema, un zafiro o un rubí.
—Mmmm… —empezó la madre—. Sí. Tengo un collar con un zafiro. Cógelo de ahí.
—Gracias.

Por fin, la niña acabó su máquina. Era pequeña como un vaso y pudo ver el futuro a través del zafiro. En ese futuro no muy lejano, ella haría una fórmula para ser inmune a cualquier enfermedad. Un mes después, la niña diminuta inventó la fórmula y curó a su abuela de un cáncer en el riñón y años más tarde se curó a sí misma.

Así, aquella familia vivió y vivió por los siglos de los siglos.

Autores: Ainara Mendez y Nadia Hassan
Colegio Público Avel.lí Corma – 6ºB

domingo 24 de febrero de 2008

El niño travieso

Había un niño travieso que llevaba a mal traer a toda la gente del pueblo, hasta que un día se metió en un lío muy gordo. Sin pedir permiso a nadie, se introdujo en la casa de una vieja bruja terrorífica. La anciana, que aquel día tenía visita, descubrió al niño cuando despidió al vecino. De un empujón, lo metió en el salón y lo acorraló contra el sofá.
-¿Por qué has entrado en mi casa? –inquirió la bruja.
-No lo sé. Se me ocurrió y lo hice –respondió el niño.
La vieja bruja lo metió en el coche y lo llevó a casa.
-Mercedes –le dijo a su madre-, tu hijo se ha metido en mi casa.
-Ahora mismo le castigo –respondió Mercedes.
-Bien –dijo la bruja.

Autores: Sergio y Marina
Colegio Público Avel.lí Corma – 6ºA

El monje ahorcado

Había una vez un monje que se dedicaba a sacar demonios. Un día, cuando salió de la Catedral de Sant Francisca, recibió una carta que ponía:

Ven a la cueva. En caso contrario te pasará algo grave. Te espero el 30 de octubre, a las 22:00 horas.

Cuando el monje iba hacia la cueva, fue acorralado por un coche y las personas que iban al volante lo metieron a empujones en el vehículo. Pasaron dos, tres, cuatro semanas y el monje no dio señales de vida. Hasta que la policía encontró un rastro que llevaba a la cueva. La gente del pueblo se horrorizó al ver al monje colgado de una cuerda. Dice la leyenda que desde aquel día los espíritus del mal y del monje salen a matar el día de Halloween.

NO SALGAS EL DÍA DE HALLOWEEN… O MORIRÁS.

Autores: Igone y Abel.
Colegio Público Avel.lí Corma – 6ºA

El gnomo astuto


Existió una vez, una familia muy pobre que vivía en las cercanías de un pueblo. Un día, la casa de esa familia ardió. Los habitantes de la casa abandonaron la casa y contemplaron como las llamas abrasaban su hogar.
La familia trabajó durante dos años al servicio de un hostelero para conseguir el dinero necesario para pagar a una adivina. Al llegar a la casa de la adivina –una casa muy grande- vieron que había una cola larguísima. Cuando les llegó el turno, la adivina sacó una gran bola de cristal y les dijo:
-En la séptima montaña, al oeste de aquí, vive un viejo gnomo que guarda un caldero con dinero.
La familia fue a la montaña. Cuando encontraron al gnomo, le preguntaron:
-¿Puedes darnos un poco de tu dinero?
-Sólo si acertáis esta pregunta –dijo el gnomo-. ¿De dónde saco todo mi dinero?
La familia meditó un poco y, al final, respondió:
-¿De un rey?
El gnomo negó con la cabeza.
-De un caldero.La familia tuvo que abandonar la cueva del gnomo avergonzada.

Autores: Marc Alos.
Colegio Público Avel.lí Corma – 6ºA

El mutante, la vampiresa y la casa abandonada

El mutante

Hace muchos años, en el interior de un bosque oscuro, vivían dos animales únicos y de una especie extraña. Un día, los dos animales se emparejaron y crearon una mutación nunca vista. Al principio era una criatura diminuta e inofensiva, pero con los años fue creciendo hasta alcanzar un tamaño gigantesco, salvaje e incontrolable.
La gente del pueblo huía de ella, pero algunos no podían escapar de sus terroríficas garras. El animal acabó destruyendo todo el pueblo.
No le faltó comida porque había muchos animales y gente que aun sobrevivía en el bosque. A pesar de todo, el animal murió.

La vampiresa

La gente del pueblo de Carvill contaba que, hace años, una bruja apodada «La vampiresa» salía de su mansión en busca de niños.
Cuando encontraba uno, lo cogía, le extraía la sangre y, por último, se lo llevaba a su calabozo. Una noche, dos hermanos curiosos se fueron a visitar la mansión. Pensaban que lo que contaban era mentira, pero estaban equivocados porque la bruja se los llevó y no volvieron nunca más.

La casa abandonada

Hubo una vez, un hombre que quiso comprar una casita en un pueblo. Sólo le pudieron conseguir uno de esos viejos caserones de paredes agrietadas y puertas llenas de telarañas, con ventanas rotas. Al hombre no le importaban mucho las condiciones de la casa, ya que él no creía ni en espíritus ni en cosas sobrenaturales.

Una noche, cuando dormía, escuchó unos ruidos muy extraños. Inmediatamente se levantó para ver lo que ocurría. Muy asustado, se dirigió hacia la cocina y vio como unos fantasmas caminaban hacia él. Nadie sabe con certeza lo que pasó, algunos piensan que se lo llevaron, pero lo cierto es que del incrédulo no quedó ni la sombra.

Autores: Alexandra y Raquel.
Colegio Público Avel.lí Corma – 6ºA


sábado 23 de febrero de 2008

La mina de oro

Existió una aldea en lo alto de una montaña con muy pocos habitantes y con mucha niebla. Los hombres se dedicaban a escarbar en las minas de oro, pero un día alguien se rezagó y mientras el resto volvía a sus casas…

A la mañana siguiente los aldeanos regresaron a la mina, pero cuando fueron a los carros del carbón encontraron a un cadáver retorcido. Inmediatamente llamaron a la policía y cuando practicaron la autopsia encontraron azufre en el cuerpo. La policía comunicó a los aldeanos todo lo que sabía, así que por la noche hubo concilio en la plaza mayor del pueblo. Mientras los hombres discutían, oyeron gritos en la cima de la montaña.

Al alba fueron muy pocos los valientes que bajaron a trabajar. Tuvieron un día plácido y así se lo transmitieron a sus familias cuando regresaron al hogar. Aquello provocó que muchos aldeanos se unieran a los mineros y, conforme transcurrieron las semanas, más y más habitantes del pueblo bajaron a la mina.

El día del derrumbamiento nada hacía señalar la catástrofe. Todos los hombres se quedaron encerrados en la mina y las mujeres, al comprobar que no volvían, fueron a buscarlos. Las rocas que impedían el descenso a las galerías más profundas estaban cubiertas de azufre. Entonces todas las mujeres se giraron alarmadas y vieron humo saliendo de la aldea. Horrorizadas, corrieron hacia el pueblo, pero cuando llegaron ya era demasiado tarde: no había más que cañizos y cenizas. El caos era demencial.

De pronto, el suelo retumbó bajo sus pies y se desató un gran terremoto. Así desaparecieron los restos de la aldea, las mujeres y la mina con todos los aldeanos atrapados.

Pasados muchos años se volvió a construir una pequeña aldea en la ladera de la montaña, entre la niebla. Y por las noches, en la cima, se oían los lamentos de los viejos aldeanos.

¿Habrá otro temblor de tierra?


Autores: Carlos Masia y Quique Ruiz.
Colegio Público Avel.lí Corma – 6ºB